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El proceso de duelo: la pérdida de un ser querido

El duelo es un proceso de adaptación ante una pérdida significativa. Las pérdidas con mayor impacto suelen ser las que tienen que ver con el fallecimiento de seres queridos, y por ello nos centraremos en ellas. Sin embargo, aparece de manera más o menos intensa ante diferentes pérdidas (de empleo, de salud, una separación…).

La palabra duelo viene del latín dolus, que significa dolor. El duelo, duele. No hay forma de terminar un proceso de duelo sin sentir dolor. Tratar de evitarlo nos puede llevar a complicaciones. Es un proceso normal por el que en algún momento de nuestra vida pasamos todos. Aunque la pérdida de un ser querido se considera uno de los eventos más estresantes de nuestra vida, estamos naturalmente preparados para hacerle frente. No obstante, cada vez es más común recibir en las consultas de psicología clínica personas en duelo. Según la OMS, un 10% de los duelos se complican o vuelven patológicos, aunque también es frecuente recibir demandas de ayuda de dolientes atravesando duelos normales que se encuentran desorientados respecto a su proceso o cuentan con pocos apoyos. Que el duelo se convierta en un motivo de demanda cada vez mayor, tiene que ver, entre otras cosas, con el poco espacio que nuestro contexto sociocultural da hoy en día al dolor (buscando su evitación a toda costa), lo cual hace sentir al doliente solo o confundido.

El duelo es un proceso íntimo e individual durante el cual cada persona tiene que volver a construir su mundo y a si mismo sin el ser querido perdido. Cada uno lo vivirá de una manera diferente y su desarrollo tendrá que ver con diversos factores (la cultura, el tipo de pérdida, las circunstancias de la pérdida, la personalidad del doliente, el tipo de relación con el fallecido, el apoyo social, las creencias…). William Worden, un influyente autor en las actuales teorías sobre el duelo, destaca que el doliente tiene un papel activo en este proceso, dentro del cual se elaboran cuatro tareas, resumidas en:

Aceptar la realidad de la pérdida. Esta aceptación supone una comprensión a nivel racional y emocional, de que la persona no volverá y de las implicaciones que tiene en nuestra vida. Aceptar tiene que ver con adaptarme a vivir a mi nueva realidad sin resistirme a ella.

Experimentar y elaborar las emociones asociadas a la pérdida, dándoles sentido e integrándolas en nuestra biografía. Aunque la más popular es la tristeza, existe un entramado complejo de emociones dentro del proceso de duelo a las que debemos escuchar y dar cabida.

Volver a participar en la rutina supliendo los roles que el fallecido tenía en nuestra vida. Se trata de aprender a vivir sin la persona que hemos perdido. Esto suele hacernos revisar nuestra identidad y capacidades para realizar tareas o funciones hasta ahora asignadas al fallecido.

Recolocar emocionalmente al fallecido. Supone dejar espacio a la ilusión, conectar con el sentido de la vida y ser capaces de poner nuestros afectos en otras personas o actividades. Situamos al fallecido en un espacio en nuestro interior, donde siempre le recordaremos y amaremos, sin que suponga un bloqueo en nuestra vida.

La finalización del duelo puede situarse en torno a uno o dos años desde la pérdida. No obstante, no hay tiempo establecido para cada duelo. Depende de diversas circunstancias externas e internas al doliente. El paso de tiempo no tiene porqué llevar a su finalización si no hay un deseo e implicación activa del doliente. Un duelo ha finalizado cuando la persona vuelve a implicarse en su día a día, recupera la ilusión y, aunque nunca olvidará al fallecido y el dolor por su pérdida persista, este es de una intensidad soportable y compatible con continuar la vida satisfactoriamente.

Hablamos de duelo complicado, simplificando mucho, cuando se presenta algún bloqueo en alguna de las tareas descritas; y de duelo patológico, cuando a raíz del proceso surge un trastorno mental específico. Aproximadamente dentro de los tres primeros meses tras la pérdida, cualquier reacción que nos encontremos (salvo aquellas en las que peligre el doliente u otras personas) puede ser considerada normal. Es a partir de entonces cuando los especialistas podemos empezar valorar si estamos ante un proceso normal o uno que puede complicarse y precisar nuestra intervención.

Si te encuentras ante un proceso de duelo y dudas si lo que te ocurre se encuadra dentro de lo normal, sientes que no puedes gestionar lo que estás sintiendo o no sabes cómo ayudar a una persona que está pasando por ello, no dudes en consultar con un profesional especialista en duelo. Desde My Doctor App te brindamos la posibilidad de resolver tus dudas al respecto.

Laura Torres Gómez-Hidalgo. Psicóloga Clínica

Especialista del Complejo Hospitalario de Toledo

Twitter @PInfantoJuvenil