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29F

Guardó el cargador del móvil en el bolsillo lateral de la mochila, mientras repasaba todo mentalmente. Un mes intenso, pensó. Cuando salía del portal, comenzaron los aplausos.

………………

Don Ángel había quedado ese sábado con su hermana y su sobrina. Los viajes relámpago de Marta siempre animaban a su madre.

– El próximo sábado caso a una intensivista de mi hospital. Mi primera boda desde la tuya -dijo don Ángel.
– No me hace gracia que andes casando a otras por ahí, ¿quién te ha dado permiso? -bromeó Marta.
– No seas celosa, bambina.
– Anda que casarse en febrero… Encima un veintinueve.
– Así se ahorrarán regalos de aniversario. Uno cada cuatro años.
– ¡Y tanto! -exclamó-. Bueno, se hace tarde, ¿me llevas al aeropuerto tío?

………………

La novia estaba radiante. Aquel blanco le sentaba mejor que el del pijama del hospital. Fue una ceremonia magnífica. A don Ángel le resultó curioso que, en esa pretenciosa iglesia, el vino pareciese aguado, sin olor.

Al llegar a casa se sentía agotado. Estaba preparándose una infusión cuando llamó su hermana. Había ido al hospital porque se encontraba mal, pero no quería preocupar a Marta. El miércoles habían ingresaron a su marido en Verona. Quedaron en verse por la mañana después de misa.

Acababa de cerrar los ojos, cuando sonó de nuevo el teléfono. Era un número desconocido.

– ¿Sí?
– ¿Ángel Sanz? -preguntó una voz anónima.
– Dígame.
– Llamo de la UCI del Hospital General, su hermana ha dejado este teléfono.
Se incorporó en la cama.
– Vamos a intubarla, es urgente -continuó.
– ¿Está… grave? -acertó a decir.
– Sí, pero no tengo más información, perdone. Mañana puede venir por la mañana. Si no, le localizaremos en este número.
– Entiendo. Gracias.
– Buenas noches.

Al día siguiente, sentado en una sala de espera del Hospital General, Marta le llamó por teléfono. Lloraba desconsolada. Su marido estaba muy grave. Decidió no decirle que también su madre estaba ingresada con mal pronóstico.

– Estoy llamando a mi madre, pero no me coge. Dile que me llame, por favor.

………………

En su séptimo día de casados, su viaje de novios continuaba en San Francisco. Mientras desayunaban, Virginia recibió un mensaje de Jorge, su compañero de guardias.

“Llámame en cuanto puedas”. Le dio una pereza horrible, pero llamó inmediatamente.

– ¿Qué pasa, ansias?
– Vir, hemos ingresado a tu padre.
Le dio un vuelco el corazón.
– Qué dices. Qué ha pasado.
– Parece una neumonía por COVID. Estoy esperando la PCR. Está estable, pero jodido.
A su edad, con insuficiencia cardíaca y obeso, pese a la intensa dieta previa a la boda, su padre tenía mal perfil para una neumonía severa.
– Por Dios, Jorge, cuídamelo. Vuelvo hoy mismo.

………………

Su marido llevó las maletas a casa mientras ella fue al hospital. El taxi tuvo que dar un rodeo para evitar la manifestación de ese domingo. Estaba cansada, no había dormido y tenía la sensación de haber pasado frío durante el vuelo. Pensó que tenía fiebre.

Al llegar al hospital, entró precipitadamente en la UCI. Una enfermera la detuvo.

– Doctora, tiene que ponerse traje. Son las normas desde hoy.

Echó un vistazo alrededor. La unidad estaba llena de pacientes intubados. Sus compañeros se movían nerviosos enfundados en trajes de protección.

– ¿Dónde está Pedro Costa? Es mi padre.
– Lo siento, no lo sé. La unidad está llena. Coja un traje del almacén, por favor.

Salió de la unidad y entró en el almacén mientras llamaba a Jorge.

– ¿Has llegado?
– Estoy aquí. Parece una guerra, ¿qué pasa?
– Es la guerra. Ingresamos pacientes con insuficiencia respiratoria sin parar.
– ¿Dónde está mi padre?
– En la siete.
– Ok. Ahora te busco.

Un auxiliar le ayudo a ponerse el EPI. Fue a la cama siete. Su padre estaba intubado boca abajo. Parecía más gordo en esa pequeña cama. Apenas podía contener las lágrimas.

Jorge se acercó.

– Vir, lo siento.
– Pero, qué hace en prono.
– No podemos hacer más. Van mejor así.
– Sé que van mejor así, no fastidies. Pero por qué está tan mal como para necesitar estar en prono. Hablé con él el miércoles, estaba perfecto.
– La PCR es positiva. Tienes que ver la placa. Al parecer, caen en picado el tercer día desde los síntomas. Está muy justo de capacidad pulmonar.

Le miró enfadada, pero se tranquilizó inmediatamente.

– Gracias Jorge. Te debo otra. Ahora me ocupo yo.
– Vir, aquí estamos casi todos. Descansa un poco y vienes mañana a tope. Te mantendré informada continuamente. Necesitamos que estés perfecta. Quien más, él. Hazme caso, por favor.

Virginia se apartó, resignada. Se quedó pensando unos minutos. Se retiró el EPI y salió de la unidad. En la puerta se encontró a don Ángel. Tras visitar las plantas, no podía acceder a la UCI a dar la comunión a los ingresados.

– ¡Virginia! ¿Qué haces aquí?
– Mi padre está ingresado, don Ángel.
– ¿Qué tal está, hija?
– Mal… No entiendo nada. Tengo que llamar a mi familia. ¿Qué tal usted?
– No muy bien. Mi hermana está grave en el General, y ha muerto el marido de mi sobrina, la de Italia. Al parecer, por coronavirus.
– Pero… ¿Su sobrina ha venido a España? Allí están en confinamiento.
– Nos vimos en Torrejón, el sábado anterior a tu boda.

A Virginia se le heló la sangre y, sin embargo, notó como subía la fiebre.

………………

El personal de la unidad estaba dividido por turnos. Era el tercer día que trabajaba, desde que se reincorporó tras dar negativo. Ya habían incinerado a su padre. Su marido se recuperaba aislado en casa, como la mayoría de sus familiares y amigos, que tanto habían disfrutado en la boda.

En ventanas y balcones, los vecinos aplaudían desde sus casas. Algunos lo hacían con rabia. Otros con tristeza. Muchos con esperanza. Todos agradecidos.

Caminaba tranquila y decidida al hospital. Se sentía con mucha fuerza.

Coronavirus. Responsabilidad y Solidaridad

El COVID-19, al que tan lejos veíamos hace pocos meses, ha llegado con especial virulencia a Occidente, y tenemos que aprender a convivir con él de forma acelerada, pero con mucho esmero.

En situaciones de emergencia, la lentitud de las administraciones, suponen un lastre que marcan la diferencia entre el éxito y el fracaso en los programas de prevención. Las responsabilidades deberán asumirse. Y ese momento debe llegar. Pero no es el momento.
Ahora debemos sumar. Unir esfuerzos para vencer a una enfermedad que puede diezmar la población de nuestros mayores, suponer una enfermedad muy grave en otros grupos de edad, en los que también es mortal, e interferir aún mucho tiempo en la normalidad de nuestras vidas.

En el estado de alarma en el que nos encontramos, la responsabilidad de toda la ciudadanía es clave. La población tiene en su mano frenar la progresión de las infecciones, y la única forma de hacerlo es permaneciendo en sus casas.

Somos conscientes de lo que esto supone. La mayoría de médicos y otros profesionales de la salud que respondemos dudas de pacientes a través de My Doctor App, estamos combatiendo la enfermedad en directo, en los hospitales, desde donde insistimos a nuestros pacientes en que no salgan de sus domicilios, salvo que sea absolutamente imprescindible.

Llegados a este punto, hemos decidido aportar nuestro grano de arena para facilitar que la población permanezca en sus casas, y hemos dispuesto nuestra aplicación para que consultar con excelentes especialistas sea gratuito.

Para ello, cuando accedas al apartado de nueva consulta, podrás efectuarla sin ningún coste, y tener la seguridad que al otro lado estará un completísimo equipo de excelentes especialistas dispuestos a responder con garantías tus dudas de salud.

Porque en estos momentos es más importante que nunca, cuida tu salud, elige especialistas.

Dr. César Casado Sánchez
Fundador de My Doctor App